miércoles, 14 de marzo de 2018

Alemania: Una pujante comunidad dominicana, pese al idioma y el clima

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Berlín.- En Alemania hay una creciente y pujante comunidad de dominicanos que se mantienen fieles a sus costumbres y tradiciones.

La Embajada de la República Dominicana calcula que hay unos diez mil, pero la cifra podría ser mayor debido a que últimamente muchos han llegado tras contraer matrimonio con alemanes (as) y por otras vías no registradas. Y no es para menos puesto que, después de los Estados Unidos, Alemania es el segundo destino de las migraciones más popular en el mundo. Esto, a pesar de que el idioma de este país es, para los hispanos, difícil de aprender y de que los inviernos aquí son fríos (con temperaturas entre –15 a 0 °C).

Los quisqueyanos que residen aquí aparentemente tienen un nivel cultural superior a los que están en otras partes del mundo. Los siguientes son sólo tres ejemploos:

Socris de León tiene 26 años de edad de los cuales lleva aquí 22. Llegó a los 4 traída por su madre Marilyn Lexow, estudió turismo y ahora labora en el checking de un hotel de Berlín. Habla tres idiomas: inglés, español y alemán.

Señala que a pesar de que lleva la mayor parte de su vida viviendo en Alemania, viaja con frecuencia a la República Dominicana porque allá, en Nagua, viven su padre, abuela y otros familiares, y a ella le gusta ese país caribeño.

Socris de León, tiene 26 años de edad de los cuales lleva 22 residiendo en Alemania

Dice que en Alemania “aunque uno no los vea, hay muchísimos dominicanos”, lo cual se puede apreciar en julio de cada año, cuando es celebrada la Semana de la Cultura Hispana. A éstos aconseja que hagan siempre las cosas bien hechas, aprendan alemán y aprovechen las muchas oportunidades de estudio que este país europeo ofrece.

Abigail Peña Sims tiene 48 años de edad, de los cuales lleva 24 aquí. Nativo de Santiago de los Caballeros, es ingeniero-técnico en alimentación al servicio de una fábrica de pizzas que suple a supermercados de Europa.

En una oportunidad caminaba por una calle de Quebec, Canadá, y una joven alemana se le acercó para preguntarle una dirección. Se sintieron atraídos, intercambiaron números de teléfonos y terminaron enamorados. Ella lo invitó a Alemania. El primero vino de vacaciones y luego decidió quedarse, tras contraer matrimonio con la chica. De ésta se divorció y se casó de nuevo con una tailandesa, con la cual ha procreado tres hijos.

Dice que estos últimos han viajado a la República Dominicana y, aunque son alemanes, él ha tratado de inculcarles que son “medio dominicanos”. Por regla natural hablan alemán pero deben también recibir clases de inglés y español.

Preguntado cómo es la vida en Alemania para un dominicano, responde que eso depende del tipo de persona, pues “hay algunos que se adaptan y otros no”.

“Por ejemplo, en la República Dominicana tenemos mucha libertad y aquí no la hay. Allá usted puede poner su música y a nadie le molesta. Aquí no, hay una regla: a las 10 de la noche hay que apagarla y si no viene la Policía y te lleva hasta el aparato. La vida es difícil, son otras costumbres, pero sí, la persona que se adapta a la vida de aquí puede vivir bien”, enfatizó.

Abigail dice que con frecuencia se reúne con compatriotas suyos, comparten comidas y juegan dominó. A todos les aconseja que traten de hablar bien el alemán y adaptarse a las reglas de este país, que los ha acogido.

Randolf Domínguez Ramírez es otro dominicano, de 45 años y con más de 25 residiendo en Alemania, adonde llegó a estudiar, invitado por una hermana suya. Nació en Santo Domingo y es pintor de autos. Aunque no es un científico, hace experimentos con energía alternativa, fabricando paneles solares, convirtiendo automóviles de combustión en eléctricos y tratando de desarrollar un sistema para hidrogenar el agua.

Está casado con una dominicana con la cual tiene cuatro hijos. A pesar de que éstos son alemanes y hablan también inglés, en su casa el idioma predominante es el español.

Dice que cuando llegó a Alemania no tuvo problemas para comunicarse porque sabía inglés y eso le ayudó bastante, puesto que hay muchos alemanes también lo hablan.

Con frecuencia Randolf se reúne con otros dominicanos en una discoteca llamada “Habana”, famosa porque allí se baila merengue, bachata y otros ritmos caribeños.

El aconseja a sus compatriotas que viven aquí que traten de superarse y no sean “un latino más” en un país que ofrece tantas oportunidades. Opina que algunos de ellos “quieren llevar una vida fácil” y no debe ser así.
Fuente:SaulPimentel

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